
Como no puede ser de otra manera, el muro está hecho para separar a los pobres de los ricos. O para hablar en el lenguaje más argento: para separar a los chorritos, a los delincuentes, a los ladrones, en fin, a los pobres, de la gente decente, de los que nunca robaron nada.
El muro lo ordenó armar el intendente de la localidad bonaerense de San Isidro, Gustavo Posse. Separa a su municipio del de San Fernando. La idea es cuidar al barrio súper residencial La Horqueta de los villeros.
La Presidenta Cristina Kirchner dijo que el muro es “una involución”. El ministro de seguridad bonaerense, Carlos Stornelli, expresó que la medida “es una locura”. El señalado por todos, el intendente Posse, dijo que, en realidad, no es un muro…
Los vecinos de la zona están derribando lo que ya está construido. “Los chicos no nacen chorros”, se puede leer a modo de grafiti.
Es cierto que hay inseguridad. Es cierto que en las villas hay personas que hay delincuentes. Pero también es cierto que en las villas no todos son iguales. Hay personas más íntegras en las villas que muchos de los que sacan a pasear su perro salchicha por las calles de La Horqueta.
No es cuestión, de todas formas, de empezar una guerra de clases. Por lo menos no de ésta manera. Es cuestión de trabajar de enserio en terminar con la inseguridad, combatiendo a fondo la corrupción de la maldita policía, brindando más y mejor educación, generando empleo; y no discriminando, robándoles lo poco que les queda a muchos que les tocó nacer inmersos en la extrema pobreza: su dignidad.




